11. feb., 2022

PICONES DE MARIA

Nos llamaron de repente unos amigos para ir a cenar un viernes y aquí encontramos sitio. Esta casa de comidas la tenía yo apuntada desde hace años cuando abrió; en aquel momento la cocina la dirigía el yerno del dueño que había estado en “La tasquita”; hoy en día ya no está aquí. Está en una zona muy poco de restauración, cerca de la Pza. de castilla. Al local se accede por una zona de barra y taburetes (tipo bar) y al fondo tiene un comedor pequeño sin grandes lujos pero muy correctamente puesto y limpio. Mesas con mantel y servilleta de tela y plato del pan. El servicio corre a cargo del dueño que explica minuciosamente cada plato, así como la procedencia de los productos con los que está elaborado cada plato; verdaderamente vive intensamente su profesión, aunque al comensal, a veces, le resulte un poco pesada la explicación tan larga porque puede quedarse frío el plato. Tiene una carta muy elaborada, con una oferta gastronómica muy dinámica (cambia cada día) atendiendo a la temporalidad de cada materia prima, con su capítulo de caza de pluma y de no pluma también. Les gusta trabajar género de costa: desde pescados salvajes, marisco y variedad de concha, provenientes de lonjas gallegas, mediterráneo, Huelva y toda nuestra geografía. La carta es un poco complicada porque hay platos que son degustación, otros de ración y dentro de esto hay medias y enteras. Todo lo que ofrece esta carta es muy seleccionado, el producto elegido para cada plato se selecciona entre lo mejor (los aceites, los vinagres, la anchoa, etc, etc.). El pan de “la Panoteca” es de trigo y maíz tostado, muy bueno. De aperitivo trajeron un caldo delicioso, cero grasiento, de su famoso cocido (tiene fama). Pedimos: Croquetas de cecina ahumada (7,20€/4un.) muy muy ricas, bechamel cremosa y sabor potente, buenísimas; Ensaladilla rusa (29,20€) con mucho huevo rallado por encima que le da una gran vistosidad, aunque no excesivo sabor; estaba muy sabrosa; Pan Brioche, picaña madurada y trufa negra (23,70€/3un.), el brioche muy rico, la picaña poco sabrosa y la trufa imperceptible al paladar que no a la vista (llevaba mucha cantidad), un plato no demasiado logrado; Anchoa doble de Santoña en tosta de pan (5,90€/un.) buenísima, limpísima pero un precio excesivo; Guisante del Maresme con huevo poché (15,70€) un plato degustación muy escueto, aunque en esta ocasión no me pareció excesivamente elevado el precio porque suelen cobrar hasta 30€ por estos guisantes; sabor potente del guisante y bien elaborado el punto del huevo. Le añaden por encima uno de sus aceites deliciosos; Judión de la granja con faisán de tiro (9,20€) magnífico plato; Codorniz de las landas estofada al fino de Jerez (14,90€) generosa pieza, suculenta salsa y suavidad de la carne del ave; Mollejitas de lechal glaseadas y yema (13,40€), plato que funciona muy bien, siempre el huevo es un gran compañero, aunque las mollejas me parecieron flojas. Vamos con los postres: Brownie de cacao puro (5,80€) muy bueno, aunque no tiene gran misterio; Crema de chocolate blanco con fresas (5,90€) postre más elaborado, pero no fue el que más me gustó; Flan no flan (5,40€) ¡suculento! Es una mezcla suave entre tarta de queso y con textura de flan, tiene un agujero en el centro (tipo volcán) donde echan un aceite delicioso que funciona de maravilla y hace que sea un postre redondo ¡me encantó!; Me gustó el detalle del vino dulce al que nos invitaron con los postres. Con la cena tomamos un vino “Finca a Pedreira 2019” (22,50€). Te pueden elaborar un menú degustación a medida si lo deseas. En resumen: casa de comida muy elaborada donde se aprecia el amor que tienen por la gastronomía, y con platos muy trabajados. Simancas, 12.

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