6. nov., 2019

AITATXU

Cenamos el jueves aquí completamente solos lo que creo que también influía en que hiciera mucho frío en el local y resultara desagradable; faltaba el calor humano. Además, cada vez que pedíamos que encendieran la calefacción, resulta que el ruido del motor era muy molesto; con lo cual no sabes qué es mejor si pasar frío o soportar ese ruido; mal resuelto el tema de la climatización😠. El local es bastante pequeño (calculo que cabrán unas 30-35 personas). Entrada con forma de ancho pasillo donde se ubican, a la izquierda, mesas y taburetes altos. También dejas a tu izquierda una barra que es más a modo de recepción, no para poder sentarte ni pedir nada ahí, sigues adelante y, bajando unos 4 escalones, te encuentras en el comedor. Asimismo cuenta con un reservado que es poco reservado porque la pared es de cristal. El interiorismo es muy bonito con detalles cuidados como las lámparas en forma de piña de la barra o los taburetes altos preciosos de bambú. La mesa también muy elegante, todo muy nuevo y servilleta de tela. Pedimos la bebida y se les olvida parte. El camarero que nos atendió no me pareció muy simpático la verdad, sin embargo sí explicaba bien los platos. Se marchó a mitad de servicio y continuó con nosotros otro encantador, servicial y profesional. El chef a cargo de los fogones ha estado en “Urrechu” y “Rodrigo de la Calle” y  aquí ha montado este ambicioso proyecto por su cuenta, dando un giro a la cocina vasca. Nos traen por fin las bebidas y unos aceites (picual&cornezuelo) exquisitos en unos "vasitos" de cristal ideales con un pan muy rico; después un aperitivo a base de verduras, setas, huevas de salmón y cebolla morada que tiñe todo de ese color, además rallan trufa por encima que no aporta ningún sabor, inapreciable; me pareció un aperitivo excesivo en tamaño y con un sabor dominante que no me convenció. Miramos la carta (bastante concisa) y con medias raciones y pedimos como entrantes: 1/2 ración de tartar de foie con gelatina de PX, croutons, mango, y emulsionado en zumo de naranja (10.50€) que fue el plato que más me gustó de la cena, original y rica elaboración. También pedimos unas migas con setas de temporada, huevo a baja temperatura y churrasco (14€), plato que sabía únicamente a carne, soso, una especie de guiso poco sabroso y sin más. También como entrante a compartir 1/2 de arroz de carabinero (12.50€) que me pareció darle una vuelta de tuerca negativa a lo que puede ser un arroz exquisito, poniéndole una cebolla morada que tiñe todo el arroz de ese sabor y de ese color desmereciendo totalmente el plato; sólo el carabinero merecía la pena; el resto de la elaboración no convence en absoluto, al final resulta que el arroz sabía igual que las verduras del aperitivo ¡una pena rizar el rizo!. Como platos principales un steak tartar de buey (25€) que no me aportó nada y me pareció caro; también en esta elaboración intentan dar un giro obviando mezclar la carne con encurtidos y lo hacen con sésamo negro y alguna otra especie que lo hace poco resultón y resta sabor a la carne; es una forma original de mezclar pero a mí particularmente no me convenció, soy una fan absoluta del steak tartar y está infinitamente más rico el tradicional; ricos los boca bits que lo acompañan; salmonete con alga kombu, trigo y tempura de espinas (20€), el salmonete una pinta extraordinaria que engaña; un plato muy flojo, salmonete pequeño para el precio que tiene,  y flojo de sabor, y la tempura de espinas inexistente (no es que me apeteciera especialmente pero es que no estaba en el plato...); Cochinillo en su jugo, con alioli de pera (19€), desmigado prensado en un lingote me resultó muy seco, además juega con desventaja porque acababa de tomar uno con la misma elaboración en otro sitio la semana anterior que estaba mucho mejor. Para terminar pedimos una tarta de queso (6€) con una elaboración muy diferente a las que acostumbro a pedir con un toque de cúrcuma y una presentación muy bonita (mira el video) parece una mousse y estaba rica. Junto con el postre ofrecen unas chocolatinas buenísimas. En resumen: me parece un restaurante gastronómico con muchas ínfulas y pretencioso, con bonito y cuidado interiorismo y juego de vajillas, cuencos etc. muy chulos pero -para mi- falla en sus platos lo cual es fundamental en un restaurante. Además me parece que se repiten en las gotitas de salsas en los platos y que algunos tienen el mismo sabor sin reconocer lo que realmente es el producto principal del plato. Me encanta probar cosas y mezclas nuevas pero creo que, en este caso, no casan ni se integran a la perfección. Cuenta con un menú degustación a 55€ que, seguramente, esté más logrado; de hecho nosotros veníamos a probar éste menú pero la web no funcionaba bien y no nos dio la opción de menú o carta, así que nos tuvimos que conformar con carta si no queríamos quedarnos sin cenar porque el menú hay que pedirlo con la reserva (cuidado con esa web que falla!). Carta de vinos con referencias únicamente españolas pero tintos, rosados, blancos y espumosos, bastante completa. Yo probé una copa de un blanco de un pequeño productor extremeño "el que le gusta a mi madre" que me gustó. Hay dos parking al lado, uno en gral. oraa y otro en claudio coello. Claudio Coello, 122.

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